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    Historia de los bulgaros 1

    BÚLGAROS – ESPAÑOLES

                                “La Bulgaria es la Andalucía del Oriente”

                                             Saturnino Giménez, julio de 1877, Tárnovo

                                “¡Un saludo te mando, espléndida España!”

                                             Iván Vázov, 1880, Sofía

     

             Este libro forma parte de una serie dedicada a los búlgaros y a sus contactos históricos y espirituales con otros pueblos. El proyecto editorial se realiza por la FUNDACIÓN BÚLGARA TANGRA TanNakRa y por el CENTRO DE INVESTIGACIONES DE LOS BÚLGAROS adjunto a ésta. En su idea estriba el entendimiento de que también hoy, en el mundo de la información globalizada y de Internet, el conocimiento del Otro no es perfecto y que nunca es tarde ni superfluo que un libro como éste lo enriquezca. Y ello, bilateralmente. Estimamos que  nunca ha sido este propósito más loable, y en particular ahora, cuando búlgaros y españoles ya están juntos en la OTAN y se aprestan a estar juntos próximamente también en la Unión Europea.

     

             DISTANCIADOS A TRAVÉS DE LOS SIGLOS

             Durante largos siglos, España y Bulgaria vivieron de espaldas una a otra, cada cual en su península en los dos confines opuestos del Sur europeo, y prácticamente no se conocían. Incluso en el s. XX, los españoles, católicos desde el s. VI, y los búlgaros, ortodoxos desde el s. IX, pertenecían a zonas etnoculturales bien diferentes en su desarrollo histórico y en sus caminos y logros espirituales. ¿Y otrora, en las profundidades del pasado? Entre todos los grandes e influyentes Estados de Europa Occidental, España tuvo la menor injerencia política y militar en los asuntos búlgaros, y Bulgaria en los españoles, absolutamente ninguna. Primero, porque geográficamente España estaba muy lejos de Bulgaria. Hoy tampoco está cerca, pero entonces, centurias atrás, estaba mucho más lejos que ahora. Segundo, porque Bulgaria se encontraba al margen de los cauces naturales de los intereses estratégicos españoles en la esfera de la política, el comercio y la cultura. Estos intereses estaban dirigidos, por razones geográficas y geopolíticas, mucho más al oeste y al norte que al este.

    Durante casi la mitad de los 13 siglos de su existencia, la Bulgaria danubiana, creada en el año 681 como continuación y ampliación de la Antigua Gran Bulgaria, estuvo bajo dominio extranjero. Primero, más de un siglo y medio - de 1018 a 1185 - bajo el poder bizantino; luego, casi cinco siglos - de 1396 a 1878 - bajo la dominación osmanlí u otomana. En estos dos períodos que abarcan casi siete siglos, Bulgaria no tuvo instituciones estatales propias con las cuales los españoles pudieran mantener contactosл

    Hace dos o tres decenios que los españoles supieron que el más antiguo oro labrado en el mundo había sido descubierto en la Necrópolis Calcolítica de la ciudad búlgara de Varna. La necrópolis data de unos 7 mil años atrás, o sea que pertenece a una de las primeras, tal vez a la primera civilización europea jamás conocida. Ésta tuvo una influencia benéfica en los tracios, los primeros pobladores conocidos de la Bulgaria de hoy. Por su parte, los tracios crearon los magníficos frescos en las paredes del Sepulcro de Kazanlak, Bulgaria Central, los ritones y fialas de oro de los tesoros tracios mundialmente famosos, exhibidos en el mundo entero, incluso en España, los palacios y templos de Starosel y Perpericón, que dejan fascinados a los especialistas extranjeros, y ya también a los turistas, entre ellos a los españoles.

    Por lo demás, los españoles también poseen numerosas y sumamente valiosas antigüedades del pasado remoto, por las que sienten legítimo orgullo. Y en una noble competencia con los búlgaros pueden alegar que cuanto tiempo nos separa del oro de la Necrópolis de Varna, hemos de remontarnos el doble, e incluso más, hasta la creación de los exquisitos frescos de Altamira. Allí, en las paredes de la célebre cueva de la España del Norte, hombres primitivos pintaron hace más de 15 mil años excelentes escenas de cacería y bisontes. A Altamira se le llama con razón “la Capilla Sixtina del arte prehistórico”.

    Los españoles conocían al tracio Espartaco y al tracio Orfeo, pero no los relacionaban directamente con los búlgaros. En el s. V a. C., el historiador heleno Herodoto escribe que los tracios eran el pueblo más numeroso del mundo conocido después de los indios. Los menciona Homero en su “Ilíada”. Los tracios crean en los Balcanes una elevada cultura y transfieren algunos de sus logros a sus sucesores: los búlgaros y los eslavos. A fines del s. VII, al frente de los eslavos y de los tracios y junto con ellos, los búlgaros sientan el inicio de la Bulgaria danubiana: en la Península Balcánica y al nordeste de ella.

     

    LOS BÚLGAROS ANTIGUOS: UNA SOCIEDAD ALTAMENTE DESARROLLADA

    “El pueblo búlgaro es uno de los pueblos más antiguos en el territorio de Europa: su existencia está evidenciada históricamente y está justificada por documentos.”

    Acad. Nikolay Derzhavin, Rusia

     

             Como lejana patria de origen de los búlgaros son consideradas las fértiles llanuras al norte de las montañas Pamir y Hindukush en Asia Central. Los pueblos antiguos llamaban estos montes Imeón. Allí, los búlgaros, pueblo indoeuropeo, crearon en el primer milenio a. C. su primera formación estatal. En las fuentes escritas de la antigua India este pueblo es mencionado como Balkh o Bolh, y su tierra, como Balahara. En la literatura árabe se habla de la tierra Balkhara y del Estado Burgar.

             En el I milenio a. C. los búlgaros se encaminaron desde el Asia Central rumbo al oeste. Alrededor de la nueva era ya estaban en los confines de Europa. En un Cronógrafo Latino Anónimo del s. IV y en autores griegos, a este pueblo ya se le denomina búlgaros. Parte de ellos llegan con los hunos a Europa Central. Otra parte se instala entre los mares Negro y Caspio. Una tercera rama cruza el Cáucaso y llega a Armenia. La más antigua geografía armenia, “Ashharatsuits”, los señala como el segundo entre los 15 pueblos más desarrollados de la Antigüedad que vivieron entre Persia y Turquestán. Fuentes armenias del s. V cuentan que búlgaros que se radicaron en las tierras del Cáucaso y adoptaron allí el cristianismo, acudieron a socorrer a los armenios para defender en combate su religión común.

             Los búlgaros tenían una sociedad bien desarrollada. No eran bárbaros nómadas como tantas otras tribus que se desplazaban de este a oeste antes y después de ellos. En su avance, estas gentes no lo devastaban todo cual saltamontes, sino que se dedicaban a la edificación. Trataban con gran tolerancia racial y étnica a todo miembro de la sociedad, siempre que éste aceptaba su organización política centralizada y se mostraba leal a ella y a su adalid, que llevaba el título de kan. En esa sociedad no había esclavos, se componía de hombres libres, campesinos y artesanos. Cada uno de sus miembros participaba con su trabajo personal en la creación de bienes comunes y con su heroísmo personal, en la preservación de éstos contra enemigos. Entre los búlgaros había talentosos constructores de edificios y de ciudades enteras, maestros armeros, hábiles metalúrgicos, orfebres, cirujanos. Los búlgaros eran buenos especialistas en la cría de ganado y en particular de caballos. Mucho antes de la Nueva Era, como resultado de centurias de labor de selección, ellos cultivaban variedades de cereales de alto rendimiento. Este pueblo trajo a Europa el estribo, que le confería considerable ventaja en los combates entre jinetes. Creía en un dios supremo: Tangra, dios-cielo, dios-dueño de los cielos.

    Uno de los testimonios más brillantes de la elevada civilización que alcanzaron los búlgaros antiguos es su calendario solar, extraordinariamente preciso desde el punto de vista astronómico y matemático. En los años 70 del s. XX la UNESCO lo reconoció como uno de los más perfectos jamás creados en el mundo y lo empleó como uno de sus modelos de calendario universal.

     

    IBEROS, CELTAS, TARTESIOS. VISITANTES Y CONQUISTADORES EN IBERIA Y EN LOS BALCANES

    “Entre las naciones del Mediterráneo, la nación española no cede a ninguna en cuanto a antigüedad y continuidad de la civilización”.

    Pierre Vilar, historiador francés

     

             Cuando los búlgaros empiezan su migración de este a oeste, en la Península de los Pirineos, habitada desde la remota antigüedad, ya se habían instalado desde el sur los iberos: entre 2000 y 1500 a.C.. En el I milenio a.C. los celtas, etnia indoeuropea, irrumpieron en la península desde el norte y tras los conflictos iniciales con los iberos se mezclaron con ellos. Mejores soldados y armeros, los celtas impusieron la fuerza de su arte militar, y pronto enseñaron también a los iberos a aplicarlo.

             Semejante proceso se produce en el s. VII en los Balcanes. Los búlgaros, más fuertes como guerreros y como organización social, se alían con los eslavos que encuentran aquí y encabezan el Estado común que se creó, Bulgaria, para luchar contra la poderosa Bizancio. La prehistoria es la siguiente. Grandes oleadas eslavas empiezan a inundar las tierras bizantinas de los Balcanes desde fines del s. V. Los eslavos son más que los búlgaros que, de por sí numerosos, llegan aquí bastante más tarde. El Estado común que surge toma el nombre de Bulgaria y es dirigido por kanes búlgaros, pero en él se va imponiendo la lengua eslava. Sin embargo, el papel organizador en el nuevo Estado lo desempeñan los búlgaros.

             Ya antes del I milenio a.C., pueblos del Mediterráneo Oriental, de elevada cultura, fundan sus colonias en el territorio de la actual España. Los primeros son los fenicios: en el s. XI a.C. Los atraen sobre todo los ricos yacimientos de metales. Hacia mediados del milenio, los griegos ponen pie en la costa mediterránea española y también fundan sus ciudades. Son ellos quienes dan a la península el nombre de Iberia. Bajo la influencia de los fenicios y los griegos, entre los siglos VII y VI a. C. en Andalucía alcanza un alto grado de desarrollo social y cultural el Estado de los tartesios. Luego empieza la expansión de los cartagineses a las tierras españolas. Se desencadena una violenta pugna por la supremacía política, militar y comercial entre Cartago y Roma. Después de la Segunda Guerra Púnica (s. III a.C.) librada en parte en tierra española, se impone Roma.

             Ambas penínsulas extremas del sur de Europa fueron testigos de una prolongada resistencia de la población local contra los designios conquistadores del Imperio Romano. A mediados del s. II a.C., el caudillo lusitano Viriato libra una guerra de guerrillas contra los invasores que dura varios años. Con su heroica defensa de más de 10 años, la sitiada ciudad de Numancia se convierte en una pesadilla para las legiones romanas. Sus ciudadanos prefieren suicidarse e incendiar su ciudad antes que rendirse. Los generales romanos necesitan dos siglos – del 218 al 19 a. C. – para expulsar a los cartagineses y someter a los celtíberos en la tierra ibérica que Roma denominó Hispania. Casi tanto tiempo y casi en el mismo período, los tracios pelearon contra las tropas romanas en la Península Balcánica.

             Con el establecimiento del poder de Roma, la población de ambas penínsulas se romaniza; la de la Balcánica en menor grado. Se produce un auge de la economía, el comercio y la cultura, se construyen caminos, templos, teatros, acueductos. España da a Roma emperadores como Trajano y Adriano, literatos como Marcial y Lucano, filósofos como Séneca. Hoy disfrutan de fama mundial el Teatro Romano de Mérida, el Puente de Alcántara, el Acueducto de Segovia. Si bien cuenta con menor popularidad internacional, la Bulgaria de hoy también tiene qué enseñar de la época de la dominación romana. Bastaría mencionar el Teatro Romano de Plóvdiv y las Termas Romanas de Varna. Los tracios sufrieron enormes pérdidas humanas y materiales en la lucha de Roma contra los bárbaros que invadían el Imperio en oleadas desde el este. Historiadores búlgaros han contado 54 etnias que atacaron y devastaron las actuales tierras búlgaras entre los siglos III y V y destruyeron la civilización romano-tracia.

    EL CAMINO DE SANTIAGO, CORDÓN UMBILICAL ENTRE ESPAÑA Y EUROPA

    “Oh muy digno y muy santo apóstol,

    dorada cabeza refulgente de Hispania,

    sé nuestro protector y natural patrono…”

                       Beato de Liébana, monje asturiano (s. VIII)

     

    A principios de Nuestra Era, tanto en la Península de los Pirineos como en la de los Balcanes empieza a penetrar el cristianismo. Se cree que en España predicaron dos de los discípulos de Jesucristo: los apóstoles San Pablo y San Jacobo el Mayor, en castellano Santiago. Según la Iglesia cristiana, el sepulcro del segundo se encuentra en la catedral de Santiago de Compostela, en el noroeste de España. Este magnífico templo se convierte en gran centro de atracción para los cristianos en la Edad Media. Desde el s. XI allí acuden en peregrinación miles de devotos: tradición conservada hasta hoy. Llegaban de diversos confines de Europa y atravesaban todo el norte de España. Esta comunicación de la península con el resto del continente mediante el Camino de Santiago, cordón umbilical entre España y Europa, resultó muy fructífera en ambas direcciones. Contribuyó a europeizar a España y a mancomunar a los cristianos en las tierras ibéricas. Por este camino, los peregrinos de Europa llevaron a España el estilo románico en la arquitectura, los cantares de gesta, la lírica de los trovadores. Esto dio un impulso al desarrollo de la literatura y cultura española. Siempre por este camino, pero en dirección contraria, los logros materiales y culturales españoles y árabes partían rumbo al resto de Europa. No es casual que san Jacobo, Santiago, sea el patrono de España.

     

    UN OBISPO DE CÓRDOBA LLEGA A SÉRDICA, LA SOFÍA DE HOY

    Existe un episodio de la lucha por la afirmación del cristianismo en los límites del Imperio Romano que tiende un puente provisional entre España y Bulgaria. Está vinculado con uno de los primeros prelados supremos del cristianismo aún no consolidado oficialmente. Era Osio, obispo de Córdoba, y luchó ferozmente contra los partidarios de la herejía arriana. Uno de los puntos culminantes de este combate religioso es el gran concilio cristiano convocado en 343 en Sérdica. Es el nombre romano de entonces, y antes tracio, de la actual capital búlgara Sofía. Osio presidió el concilio que se celebró casi siglo y medio antes de que el Imperio Romano se derrumbara bajo las acometidas de los bárbaros. Y poco después de que el emperador Constantino el Grande fundara la Segunda Roma, la ciudad que llevó su nombre a orillas del Bósforo, y reconociera oficialmente el cristianismo como igual en derechos que las demás religiones en su imperio. En alguna parte aquí, en el centro de la Sofía de hoy, resonó la áspera voz del representante del emperador y obispo de Córdoba Osio, de 90 años, que había proclamado el lema sagrado para todo español: Credo in unum Deum, Patrem omnipotentem…

    El emperador Constantino el Grande nació en la ciudad de Naissus, la actual ciudad serbia de Nish, nada lejana del territorio de Bulgaria y en el pasado muy a menudo dentro de este territorio. En un principio, incluso tenía pensado establecer su capital en Sérdica, hoy Sofía. Y antes, a principios del s. II, otro emperador romano, Trajano, nacido en la ciudad de Itálica, cerca de la actual bella ciudad española de Sevilla, atravesó con sus legiones el territorio de Bulgaria, entonces provincia romana, para someter al pueblo tracio de los dacios al norte del Danubio, en la actual Rumanía. Tanto al norte como al sur del gran río, en las tierras de la actual Bulgaria, se fundan varios poblados de veteranos de las campañas militares romanas. No pocos de ellos son paisanos del emperador Trajano de España, entonces también provincia romana. Resulta que ya en aquellos años había españoles veraneando en Bulgaria atraídos por su hermosa naturaleza, el clima saludable y sobre todo por la abundancia de fuentes termales curativas. Del agua mineral de Sofía debió beber también el propio Osio, obispo de Córdoba, para cobrar fuerzas para la disputa con los arrianos. Y de aquella época romana quedó el nombre Puerta o Paso de Trajano a unos 60 kms de Sofía. Pasaba por allí un viejo camino romano que llevaba el nombre del emperador Trajano nacido en España. La actual ciudad búlgara de Stara Zagora se llamó por un tiempo Augusta Trajana.

     

    LOS BÚLGAROS, EN EUROPA

    Hemos de buscar el comienzo de la presencia búlgara en Europa medio siglo después de las marchas de Trajano por los Balcanes. Se fecha hacia el año 165 d. C. y se calcula a base de los anales más antiguos de la tradición estatal búlgara: la llamada Nómina de los Kanes Búlgaros. Su original fue escrito tal vez en el s. VIII. Según él, debemos aceptar el año indicado como el de la creación del primer Estado búlgaro en Europa y más exactamente en la zona entre el Cáucaso y la península de Crimea en el Mar Negro. El documento señala como primer soberano de este Estado a un kan del linaje dinástico de los Dulo. Es del mismo linaje el kan Kubrat (632-665), el soberano de la Antigua Gran Bulgaria, según la llamaban los cronistas bizantinos. Bajo su cetro, este Estado adquiere su mayor poderío hacia mediados del s. VII. El joven Kubrat se cría en el palacio imperial de Constantinopla donde recibe una educación de elevado nivel y se hace cristiano. Más tarde, siendo soberano búlgaro, mantiene excelentes relaciones con Bizancio.

    Ya en vida del kan, la Antigua Gran Bulgaria sufre los embates de los kázaros. Los búlgaros se ven obligados a conquistar nuevas tierras donde instalarse. Al nordeste surge la Bulgaria del Volga. Ésta rechaza a más de un agresor oriental, detiene a los mongoles en su invasión al oeste y sobrevive casi un milenio. Otros búlgaros llegan a Europa Central, otro grupo a Italia. Por su parte, el kan Asparuj (680-700), uno de los hijos de Kubrat, extiende el Estado de su padre al sur del Danubio. La victoria militar de Asparuj sobre el emperador Constantino IV Pogonato es reconocida por Bizancio en un tratado de 681 y éste es considerado el año en que nace la actual Bulgaria. Es el otro año emblemático, después del 165, en la historia de la tradición estatal búlgara en Europa. De modo que Bulgaria es el más antiguo de los estados europeos existentes actualmente que ha conservado desde el s. II hasta hoy el mismo nombre con que fue fundado.

     

    LOS ESPAÑOLES Y LOS BÚLGAROS, BARRERA FRENTE A LA EXPANSIÓN ISLÁMICA EN EUROPA

    “El mérito histórico de Bulgaria consiste en haber creado una barrera frente a los turcos en Europa. Bulgaria paga por ello un tributo de sangre, paga con su fe, con su libertad y con la decadencia de su cultura, brillante en aquella época.”

             Prof. Sante Gracciotti, Italia

     

    En la Edad Media, con unos siglos de diferencia, los españoles y los búlgaros lucharon contra conquistadores musulmanes que se habían instalado por largo tiempo en sus tierras. Los españoles necesitaron casi ocho siglos para finalizar su Reconquista. Ésta se vio coronada en el memorable 1492 cuando los Reyes Católicos Isabel de Castilla y Fernando de Aragón tomaron Granada. Allí estaba la última plaza fuerte de los soberanos árabes que se apoderaron de casi toda la Península Ibérica a comienzos del s. VIII. En 1393, 99 años antes de que Isabel y Fernando entraran en Granada, en la capital medieval búlgara Veliko Tárnovo irrumpieron las tropas de los turcos osmanlíes u otomanos. En 1396 ellos se adueñaron de toda Bulgaria y se quedaron en sus tierras casi cinco siglos: hasta 1878.

    Hay similitudes y también diferencias entre las dos dominaciones musulmanas. En el s. V en gran parte de las tierras ibéricas se crea un reino visigodo. En el s. VIII, cuando los árabes irrumpen por Gibraltar, arrasan con el Estado de los visigodos y llegan hasta Francia, su desarrollo político-social es bastante parecido al que han alcanzado en este período los hispanos. A la vez, los invasores traen de Oriente e implantan una civilización de más altos logros materiales y espirituales. Ellos desarrollan in situ su cultura pragmática que, a través de y mediante las tierras españolas, penetra en toda la Europa Occidental y la impulsa hacia adelante preparando su Renacimiento.

    Después de sus iniciales acciones violentas como conquistadores, y también en algunos períodos posteriores (como el del cruel caudillo Almanzor a fines del s. X), los forasteros garantizan los derechos de los vencidos y permiten gran tolerancia étnica y no poca religiosa en las tierras que someten. Pocos fueron los españoles que lloraron la muerte del reino visigodo. Los árabes aliviaron la presión fiscal con lo que se ganaron a los campesinos. Establecieron un impuesto especial para quienes no profesaban el islamismo pero respetaron sus religiones.

    A diferencia de los árabes en España, los otomanos traen a Bulgaria estructuras sociales y cultura de un nivel muy inferior al del pueblo vencido. Destruyen los logros que encuentran aquí y someten a la población local a la ruina étnica y a la opresión política, espiritual y religiosa. En Bulgaria, los vencedores exterminan físicamente a la aristocracia cristiana, aniquilan o expulsan a la elite eclesiástica ortodoxa y dejan a los vencidos sin guías políticos y espirituales. Los nuevos amos decretan también nuevos, durísimos impuestos a los búlgaros a quienes llamaron rayá, o sea rebaño. En España, cuando no están en guerra, y los años de paz son muchos, árabes y cristianos intercambian mercancías, conocimientos e ideas. En la España árabe traducen a Aristóteles y a San Isodoro de Sevilla. En el monasterio cristiano de Ripoll, en Cataluña, se traducen al latín muchas obras árabes. En la celebre escuela de traductores de Toledo dirigida por el rey castellano Alfonso X el Sabio trabajan juntos cristianos, musulmanes y judíos. Ellos presentan en castellano el Corán y varias otras obras musulmanas.

    En las poblaciones búlgaras, los conquistadores otomanos o bien destruyen las iglesias, en particular las grandes, o bien las convierten en mezquitas. Y presionan a una parte de la población local de forma violenta para que acepte el Islam. A menudo a sangre y fuego, lo cual en este caso no es una metáfora, ni mucho menos. En la España árabe la islamización se realiza más bien por persuasión; en Bulgaria, por coacción y violencia. En la dominada Bulgaria los turcos no permiten que ninguna iglesia cristiana se eleve más de un piso encima del suelo. ¡Y nada de campanas ni procesiones! Cierto que tampoco eran permitidas campanas ni procesiones en la España tomada por los musulmanes y llamada por ellos Al-Andalus. Pero en su capital Córdoba está bien conservado un imponente templo. Por un tiempo, éste era mezquita musulmana y a la vez iglesia cristiana. Los creyentes de uno y otro culto oraban a pocos metros unos de otros, cada uno a su dios. Y si Dios es de veras único, sus oraciones llegaban juntas y simultáneamente a Él, en dos idiomas distintos. Para la Bulgaria bajo el poder otomano semejante armonía cristiano-islámica era impensable. Los emires y califas árabes atraen, galantean y aprovechan todo lo que pueden de las multifacéticas aptitudes de los cristianos en sus dominios españoles. Los gobernantes otomanos, por el contrario, discriminan y humillan totalmente a los búlgaros cristianos y los tratan con desprecio.

             Los osmanlíes llegan a Bulgaria en la segunda mitad del s. XIV con un sistema estatal seminómada, fanatizado a la islámica y militarizado también a la islámica. Bulgaria se ve sumida entonces en una situación parecida a la del Imperio Romano cuando fue conquistado por los bárbaros. Pero mientras que los bárbaros arrasan Roma y sobre sus ruinas crean nuevos Estados que se desarrollarán siguiendo un camino y modelo europeo, los turcos otomanos forman sobre las ruinas de Bulgaria y los demás Estados balcánicos sometidos un imperio que se desarrollará siguiendo un modelo asiático. Y ello, en el peor momento histórico posible para Bulgaria: cuando Europa Occidental y Central, incluida España, entran en su Renacimiento. Justamente entonces los otomanos van a desgajar el sometido país por largos siglos de ella, de Europa, a la que los búlgaros pertenecían y con la cual estaban dispuestos a compartir, en el plano espiritual y cultural, su camino renacentista. Es por eso que la Edad Media de Bulgaria continúa hasta el s. XVII y su Renacimiento se produce cuatro largos siglos después del de Europa Occidental y en particular del de España: tímidamente en la segunda mitad del s. XVIII y con más audacia apenas en el s. XIX. Todo ello brinda razones para denominar esta Conquista otomana subyugación. Sería difícil usar el mismo término para calificar el dominio árabe en las tierras españolas.

             Algunos investigadores búlgaros han calculado que en los cinco siglos de dominación otomana en Bulgaria fueron exterminados cerca de ocho millones de búlgaros: más de los que cuenta la actual población del país, y que 14 millones de niños búlgaros fueron arrebatados de sus padres para engrosar el temible cuerpo de jenízaros del ejército otomano. En las tierras españolas dominadas por los árabes no hubo jenízaros, las matanzas de cristianos tuvieron un carácter bastante esporádico e incluso la población aumentaba más rápido que en los reinos cristianos, no en último lugar por el nivel superior de la medicina y la sanidad en los dominios árabes.

    Existe otra diferencia sustancial. A fines del s. XIV, después de desangrar varios decenios a los destruidos Estados búlgaros, los invasores otomanos someten todas las tierras balcánicas pobladas por búlgaros. Como hinterland de Estambul, éstas permanecen bajo el poder de los sultanes 482 años, sin recibir una sola bocanada de libertad. A los búlgaros, privados de instituciones políticas propias, les cuesta enormemente luchar solos para liberarse. Sin embargo, a lo largo de casi cinco siglos, no dejan de rebelarse contra el dominio de su poderoso amo el Imperio Otomano. Al sur de los Pirineos, la conquista musulmana nunca se extiende a todas las tierras cristianas. Y sólo unos diez años después de la invasión de 711, empiezan a liberarse rápidamente del dominio árabe grandes fragmentos de territorios cristianos y a crearse reinos independientes. Ellos y sus instituciones libres asumen el papel de unificador de los cristianos españoles en su gesta para rechazar el poder musulmán. En 722, Pelayo derrota a los invasores en Covadonga y crea el reino cristiano de Asturias. Con el tiempo, el proceso de la Reconquista se extiende a León, Navarra, Castilla, Aragón, Cataluña. La victoria de las fuerzas cristianas unidas en Navas de Tolosa, de 1212, da un nuevo impulso a la Reconquista. Durante más de dos siglos, los últimos salpicones del poderío musulmán en España se reducen al Reino de Granada, de un territorio modesto. El resto de la península está en manos cristianas.

    Sí, hay diferencias. Pero ello no impide apreciar dignamente los méritos tanto de los búlgaros como de los españoles en la lucha contra la expansión del islam en Europa, en defensa del cristianismo: la religión tradicional del Viejo continente.

     

    LOS BÚLGAROS Y LA OBRA DE SAN CIRILO Y SAN METODIO

    “Bulgaria, salvando la obra de Cirilo y Metodio, ha merecido  el reconocimiento y el respeto no sólo de los pueblos eslavos sino también  de otros pueblos del mundo, y ello será así mientras la humanidad concede un contenido verdadero a las palabras progreso, cultura y humanitarismo”

                       Prof. Roger Bernard, Francia

     

    La primera mención de la Península Ibérica en la literatura antigua búlgara figura en la primera enciclopedia búlgara, “Hexamerón”, del Exarca Yoán. Este insigne escritor medieval búlgaro se parece bastante, en cuanto a obras y creación, a su famoso antecesor español y visigodo San Isidoro, obispo de Sevilla del s. VI-VII, quien escribió en latín un patriótico encomio de su tierra: “Oh, España, eres la más hermosa de las tierras que se extienden del Occidente a la India; tierra bendita y madre siempre feliz de príncipes y de pueblos. Tú, honor y ornamento del mundo, la porción más ilustre de la Tierra.”

    El Exarca Yoán escribió en la vieja capital búlgara Pliska y en la nueva, Preslav, a comienzos del s. X. Ésta es la época del rey Simeón el Grande (893-927): estadista, literato, artífice del Siglo de Oro del Primer Imperio Búlgaro. Es así como algunos científicos denominan el reino del zar Simeón y el de su padre el príncipe Borís I (852-889). En 864 Borís introdujo el cristianismo como religión oficial de Bulgaria. En el inmenso territorio de su Estado vivían muchos cristianos, pero gran parte de la población era pagana. Había paganos entre los tres principales elementos étnicos del país: los búlgaros, los eslavos y los tracios, todos con su dios o dioses. Había musulmanes y hasta budistas. Todos ellos fueron obligados por el príncipe a adoptar el cristianismo como religión única, y las leyes cristianas, como válidas para toda la población. Esta medida condujo a que la población del país se hiciera homogénea. (En la España visigoda, la legislación de visigodos e hispanorromanos se unifica en el VIII Concilio de Toledo, de 653: más de medio siglo después de que, en 589, el catolicismo queda aceptado como religión oficial.) Además, Bulgaria adquiere gran prestigio internacional en Europa, en la cual la mayoría de los Estados eran cristianos. Al cabo de largos años de luchas entre Roma y Constantinopla por el poder administrativo sobre la recién creada Iglesia Búlgara, se impone el clero bizantino, por la promesa que el Patriarca de Constantinopla hizo al príncipe Borís de que el Arzobispado Búlgaro sería autocéfalo. 57 años más tarde, éste se proclamó completamente independiente, con rango de patriarcado.

    En 887 el príncipe Borís I adopta otra sabia decisión gubernamental: introduce el alfabeto eslavo o búlgaro antiguo, creado por los santos hermanos Cirilo y Metodio, como escritura oficial del Estado. Con esta escritura traída a Bulgaria y perfeccionada aquí por los discípulos de los dos civilizadores, se traduce la Biblia y se escriben obras eclesiásticas y laicas. Bulgaria se convierte en el primer país de la Europa cristiana en adoptar como idioma oficial la lengua hablada por todos sus habitantes y en conocer el Verbo Divino y dirigirse a Dios en esta lengua autóctona. En la Europa de entonces sabía leer y escribir un 2 ó 3% de la población. Según estudiosos búlgaros, en la Bulgaria de entonces, más de la mitad.

    Poco después, misioneros búlgaros llevarán los libros sacros y laicos escritos en Bulgaria en el alfabeto antiguo búlgaro, a otros países eslavos en que se hablaba una lengua muy similar. Así pues, Bulgaria desempeñaría un papel sustancial para la cristianización de gran parte de los eslavos: de los rusos, los ucranianos, los serbios, o sea de casi la mitad de la población de la Europa de entonces. Hoy escriben con este alfabeto más de 200 millones de personas. Primero en Bulgaria y luego en esos países se crea una copiosa producción literaria y cultural. Sin esta obra búlgara, que con razón se puede calificar de histórica, hoy en día los eslavos orientales y meridionales hablarían y escribirían en griego, y con toda probabilidad habrían perdido totalmente su identidad como pueblos y habrían resultado asimilados espiritualmente. ¡Y es que la moderna Europa unida es un conjunto y diversidad de pueblos, cada cual con su idioma y tradiciones y con su aportación al patrimonio cultural común del continente! Tomando el cristianismo de Bizancio, y no de Roma como lo hizo Europa Occidental, y adoptando un alfabeto en su lengua hablada, distinto tanto del griego como del latín, Bulgaria en aquel entonces se alejó de Europa Occidental y, desde luego, de España. Sin embargo, se conservó como pueblo que hoy se acerca rápido a la Europa en proceso de unificación. Y, desde luego, a España. Además, ayudó a otros eslavos a conservarse como nacionalidades que hoy también se acercan a España y a los demás países euroccidentales.

    Hace años, el culturólogo japonés Prof. Shigueoshi Matsumae declaró: “La cultura medieval búlgara es una de las siete civilizaciones en la historia de la Humanidad que han desempeñado un responsable papel de mediación por su misión de eslabón de conjunción entre el Oriente y el Occidente.” Su colega español el Prof. Pedro Bádenas añadía: “Hoy, once siglos después de que Cirilo y Metodio partieran para su misión, vemos que la semilla que plantaron con ciencia y tesón se ha convertido en un enriquecedor patrimonio de la humanidad.”

    No es casual que en 1979 el Papa Juan Pablo II declarase a los santos hermanos Cirilo y Metodio copatronos de Europa junto con el monje irlandés San Benito. Al frente de miles de monjes compatriotas suyos, el irlandés restableció las posiciones del cristianismo en Europa Occidental después de las invasiones de los bárbaros. Los dos hermanos y los miles de sus seguidores y mecenas búlgaros – sacerdotes y seglares - las establecieron, prácticamente, en la Europa Oriental eslava. Los búlgaros tienen una segunda fiesta nacional, el 24 de Mayo, día en que homenajean la memoria y la obra de San Cirilo y San Metodio, las letras creadas por ellos y la literatura escrita por los escritores búlgaros a través de los siglos. Tal vez ningún otro pueblo tenga semejante celebración en honor de su escritura. Quizá porque ningún otro pueblo conoce los nombres de los creadores de su alfabeto. “El 24 de mayo – enfatizaba en su discurso ese día de 2003 el Presidente de Bulgaria Gueorgui Parvánov – no es una fiesta administrativa sino una obra espontánea del pueblo búlgaro, un brillante ejemplo del resurgir de nuestra nación.”

    En su encuentro con los hispanistas búlgaros en la Universidad de Sofía durante su segunda visita de Estado a Bulgaria, en 2003, el Rey de España Don Juan Carlos I declaró: “La contribución de San Cirilo y San Metodio, patronos de Europa, y la del propio San Clemente de Ohrid, quien da nombre a esta prestigiosa institución, son un legítimo orgullo para el pueblo búlgaro.”

     

    EN AL-ANDALUS, BÚLGAROS, TAL VEZ

             “Hexamerón”, la primera enciclopedia de la cultura medieval en Europa escrita con caracteres cirílicos, está compuesta en la época en que en la lejana España reluce con su esplendor material y cultural la ciudad de Córdoba. La capital del califato de Abd al-Rahmán III y Al-Hakam II era entonces la ciudad más poblada y rica de Europa. En su Estado altamente desarrollado, llamado Al-Andalus, había eslavos arqueros, eslavos constructores, eslavos eunucos. Parte de ellos provenía de los Balcanes, incluso de las tierras de la Bulgaria de entonces, cuyo territorio era mucho más extenso que el actual. La mayoría de estas gentes búlgaras y balcánicas fue vendida en Al-Andalus como cautivos tomados prisioneros en invasiones de los Balcanes. Formaron pequeñas colonias en el este de España. Echaron raíces y dejaron descendencia en los reinos árabes de la Península Ibérica. De manera que participaron, aunque fuera como superestrato insignificante, en la formación étnica de la población de la España árabe de entonces, y por ende de la actual.

     

             UN SOBERANO KÁZARO ESCRIBE A UN MINISTRO DE LA ESPAÑA ÁRABE SOBRE LOS BÚLGAROS

             Uno de los ministros de exteriores y visires de Abd al-Rahmán III (s. X) fue el médico judío Hazdai ibn-Shafrut. A él le envió una extensa carta José Abén Arón, el soberano de los kázaros. En la segunda mitad del s. VII éstos, como dijimos, asestaron un duro golpe a la Vieja Gran Bulgaria gobernada por el kan Kubrat. Obligaron a su hijo el kan Asparuj a dirigirse al sudoeste para continuar la existencia de Bulgaria a orillas del Danubio, creando el futuro Reino de Bulgaria, la actual República de Bulgaria. Medio siglo después los kázaros adoptaron el judaísmo. ¿Qué supo de esta carta uno de los dignatarios más encumbrados del Califato de Córdoba? “En el país en que vivo ahora – le escribe el kagán kázaro – vivieron antes los búlgaros. Eran tan numerosos como la arena en el mar pero no pudieron resistir el ataque de nuestros antepasados kázaros. Dejaron su tierra (…) y hoy se han establecido al lado del río llamado Danubio y en proximidad de Constantinopla.”

    El ministro del Califato de Córdoba envió su respuesta que dos viajeros judíos, Saúl y José, lograron entregar, tras largas peripecias, al soberano kázaro, atravesando las actuales Hungría, Bulgaria y Ucrania. Entonces, cerca del año 960, en Bulgaria reinaba Petar. No es de descartar que estos emisarios del gran Estado Andalusí se encontraran en su viaje con representantes búlgaros y establecieran contactos entre los dos países.

     

    UN VIAJERO DE LA ESPAÑA ÁRABE VISITA LA BULGARIA DEL VOLGA

             Un viajero más de la España árabe: Abú Hamid al-Mazini, llamado el Granadino (Al-Garnati), pasa por Bulgaria, sólo que en el s. XII. No por la Bulgaria danubiana o balcánica: en aquel entonces ésta se encontraba bajo el poder bizantino. Sin embargo, existía otra Bulgaria, la del Volga. Fue creada en el s. VII durante la diáspora de los búlgaros después de la derrota que les infligieron los kázaros, y fue sometida y unida a Rusia por el zar Iván el Terrible en el s. XVI. La Bulgaria del Volga adopta el islamismo para recibir ayuda del Califato Árabe contra los kázaros. Con ello atrae el interés de muchos soberanos y viajeros del mundo árabe oriental. Por ello, fue visitada también por un representante de la España andalusí en dos ocasiones: en 1135 y en 1150.

    En sus notas de viaje, el granadino subraya lo instruidos que son los búlgaros del Volga. “Búlgaro – escribe – quiere decir un hombre erudito.” Por lo demás, le asombran las dimensiones de algunas cosas búlgaras y sobre todo de los peces. Abú Hamid El Granadino afirma que “en Bulgaria un pez pesaba lo que un hombre y hasta lo que un camello”.

     

    BÚLGAROS EN LA FAMOSA CRÓNICA DE ALFONSO X EL SABIO

             ¿Y cuándo el gentilicio “búlgaro” se menciona por primera vez en fuentes escritas españolas? Descubrimos su primera aparición documentada en la famosa “Crónica General de España”. Esta primera historia de España escrita en castellano está compuesta en Toledo bajo la dirección del gran estadista y literato Alfonso X el Sabio (rey de Castilla y León de 1252 a 1284). Esto ocurre en la segunda mitad del s. XIII, poco después de la época en que en Veliko Tárnovo reina el sabio protector de la literatura y las artes Iván Asén II (1218-1241). En ella se comentan peripecias militares sufridas por una parte de los búlgaros en el s. V al norte del Danubio, cerca de los Cárpatos, en el tiempo en que en España reina el visigodo Eurico.

    Comments (3)

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    Si esta pieza ha sido escrita por un búlgaro no puedo dar más que mi más sincera enhorabuena por el nivel y la correción gramatical que emplea. De todas maneras, lo que se cuenta es interesantísimo y es relatado con rigor. No sabía nada de los búlgaros en España, y me alegro de saber algo más ahora. GRACIAS!
    Nov. 25
    Sept. 1
    Aug. 31

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