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Historia de los bulgaros 5BÚLGAROS CON LAS TROPAS FRANQUISTAS Por lo demás, tres búlgaros – se sabe sólo de tres – pelearon en el otro bando. A ellos se refiere José Luis de Mesa en su estudio de 1998 “Los otros internacionales”. Dos eran oficiales de una misma unidad de la Legión colonial española creada en 1920 e integrada por extranjeros y españoles. Ambos llevaban el nombre Dimitri (Dimítar) y el apellido Ivanov. Dimítar Grigórov Ivanov era combatiente abnegado y alcanzó el grado de capitán. Era un oficial muy apreciado por sus compañeros y éstos le pusieron el apelativo de “Dimitri el Bueno”. El otro, Dimítar Ivanov Ivanov, era arrogante y de muy mal genio, por lo cual le pegaron el apodo “Dimitri el Malo”. Sin embargo, en un momento después de la guerra, se supo que Dimitri el Bueno era masón. Franco no soportaba masones en sus tropas. Y “El Bueno” también se hizo malo y se le retiró del ejército. El otro, Dimítar Ivanov Ivanov, se distinguió como asesino en 1934 en los excesos de los legionarios enviados a sofocar la sublevación de los obreros y mineros de Asturias, en el norte de España. Murió a fines de 1936 cuando atacó con su unidad un tanque republicano en un suburbio madrileño. Casi al mismo tiempo cuando el búlgaro Nikola Vaptsárov combate en sus pensamientos ante los muros de Madrid por la República, el búlgaro Dimítar Ivanov combate y muere ante los muros de Madrid, contra la República. Ésta es otra dimensión, búlgara, de la Guerra Civil Española.
BULGARIA Y ESPAÑA DESPUÉS DE LA GUERRA En diciembre de 1940, al frente de la legación española en Sofía está Julio Palencia. Por tres meses más, Bulgaria permanece oficialmente neutral en la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, prácticamente ya ha apostado por la carta alemana. Alemania la atraía a su causa con operaciones comerciales y con promesas de ayudarla a realizar el ideal de la unificación territorial de la nación búlgara en los Balcanes, mientras que el bloque anglo-francés le prometía un pedazo mucho menor del pastel de la victoria. Desde 1941, una vez promulgadas leyes antijudías en Bulgaria a demanda de Berlín, Julio Palencia arregla la exención de decenas de judíos del servicio militar búlgaro o de la movilización civil. Siguiendo instrucciones del gobierno del general Franco, les expide pasaportes españoles y organiza su emigración a España, de donde la mayoría marcha a América. Para salvar a una familia judía de Plóvdiv, Palencia incluso adopta a su hijo.
BULGARIA SALVA A SUS JUDÍOS Los trasladados por Palencia son pocos si se les compara con aquellos casi 50 mil judíos, en su mayoría sefardíes, súbditos búlgaros, que el pueblo búlgaro rescata en 1943 de la deportación a los campos de la muerte de la Alemania hitleriana. Los búlgaros se sienten orgullosos de haber dado esta considerable aportación al humanismo en Europa y el mundo. Bulgaria es el único país aliado de Hitler en la Segunda Guerra Mundial y de hecho subordinado a él que no permite que sus judíos sean enviados, según insistía el Führer, a las cámaras de gas del Holocausto. Esto fue logrado con los esfuerzos de destacados intelectuales, de diputados incluso de la mayoría gobernante, de eminentes prelados de la Iglesia Ortodoxa, del rey Borís III y de las personas del pueblo llano. Bulgaria es el único país de Europa cuya población judía durante la guerra no disminuye bruscamente sino que incluso aumenta. De esta hazaña colectiva búlgara se sabe muy poco en el mundo y, digámoslo, en España. Sin embargo, de esta proeza se habla con reconocimiento en Israel donde en 1948 emigran decenas de miles de sefarditas búlgaros. Pero fueron muchos los judíos que se quedaron entonces en Bulgaria, el país que los vio nacer y que los salvó del Holocausto. Ellos y sus descendientes hoy – lamentablemente, ya menos de 4 000 personas - pertenecen a la flor de la nación búlgara. Son ilustres científicos, periodistas, financieros, médicos, actores, músicos, poetas, traductores. Es hijo de judío sefardí el ministro búlgaro de Asuntos Exteriores Solomón Pasy. Su padre es Isak Pasy, eminente filósofo y esteta que ha presentado en doctas interpretaciones a Miguel de Unamuno y su visión de Don Quijote. Es judío sefardita Valeri Petrov, seudónimo de Valeri Nisim Mevorah, uno de los artífices más brillantes del lenguaje poético búlgaro. Es sefardí Angel Wagenstein, uno de los más talentosos guionistas de cine búlgaros, autor también de dos novelas una de las cuales lleva por título “Lejos de Toledo”. Es sefardita Ani Levi, hasta hace poco directora del Departamento de Estudios Hispánicos en la más vieja y más grande universidad búlgara: la de Sofía. Es sefardí el anterior corresponsal de la agencia española EFE en Bulgaria, Samuel Francés. Ellos están vivos hoy porque en 1943 el pueblo búlgaro no permitió que sus padres o ellos mismos fueran deportados, que perecieran gaseados en Treblinka y Auschwitz. El pueblo búlgaro ha sido y es extraordinariamente tolerante en el plano racial, étnico y religioso. Lo fue en el pasado y lo es hoy.
BÚLGAROS Y ESPAÑOLES DESPUÉS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL Al ser establecido un régimen prosoviético en Sofía en septiembre de 1944, los contactos entre la Bulgaria comunista y la España franquista quedan congelados y en 1946 sus relaciones diplomáticas se rompen. Ya un puñado de diplomáticos de la legación búlgara del régimen anterior ha quedado en Madrid como exiliados políticos. Poco más tarde el gobierno de Sofía brinda asilo a un puñado de republicanos españoles exiliados. А poco de radicarse en esta capital les vemos trabajando activamente como renombrados periodistas, redactores de traducciones al castellano o profesores: Lo son Fernando Revuelta, Reyes Bertral etc. Se paralizan por tres decenios las relaciones bilaterales, existen sólo contactos esporádicos de carácter cultural, consular y comercial. El último diplomático búlgaro en Madrid, que prácticamente cierra la legación, es Tódor (Teodoro) Néikov. Años más tarde, formará en Sofía la primera generación de nuevos hispanistas búlgaros y hará excelentes traducciones de literatura española. En 1985, el Ministerio de Cultura de España confirió su Gran Premio a la traducción de obras españolas a Néikov por su actividad creadora global y en especial por su extraordinaria traducción de “El Quijote” de 1970. En algo más de un siglo, de 1882 a 2001, la obra maestra de Cervantes aparece en casi cien ediciones y reediciones en lengua búlgara en una tirada total que supera los 600 000 ejemplares: cifra impresionante para este pequeño país. Los aficionados a la estadística han calculado que más de 80 poetas búlgaros han escrito más de 100 poemas inspirados en la novela y su inmortal protagonista. Mientras se encuentra como diplomático en Madrid, en 1943 Tódor Néikov traduce junto con el literato y publicista español Juan Eduardo Zúñiga las primeras obras narrativas búlgaras que se editan en España. Seis años más tarde, sale en Barcelona su traducción de la emblemática novela “Bajo el yugo” del clásico de la literatura búlgara Iván Vázov. Éstas son las primeras muestras de nuestra prosa que llegan al conocimiento del lector español. Más tarde, Zúñiga le ofrecerá nuevas traducciones de prosa y poesía.
BULGARIA Y ESPAÑA, POR CAMINOS ESCABROSOS En marzo de 1941, bajo la amenaza de ocupación hitleriana que se cernía, Bulgaria se unió al bloque alemán pero no envió soldados a pelear contra la URSS. El principal factor de esta política de rodeos y contención fue el zar Borís III (1918-1943). Sin embargo, meses después Bulgaria declaró “la guerra simbólica” a Inglaterra y EE UU. Esto le costó duros bombardeos aliados a Sofía y otras ciudades del país en 1943 y 1944. Desde 1941, apareció en Bulgaria un movimiento guerrillero dirigido por el clandestino Partido Comunista. El régimen, que gobernaba sin constitución, emprendió duras acciones represivas contra los guerrilleros. Al año siguiente, por iniciativa de los comunistas, fue creado un Frente de la Patria, clandestino. Éste se proponía establecer un gobierno nuevo que alineara a Bulgaria entre los países democráticos, presentando como tal incluso a la Rusia de Stalin. En 1943 el rey Borís murió. Un año después, el 9.IX.1941, se produjo un golpe de Estado prosoviético del Frente de la Patria. Las tropas soviéticas prácticamente ocuparon el país. Bulgaria declaró la guerra a Alemania. En la última fase de la Segunda Guerra Mundial (1944-1945), más de cien mil soldados búlgaros combatieron del lado de la coalición antihitleriana y contribuyeron en considerable medida a la liberación de Yugoslavia y Hungría. En la misma guerra, la División Azul española conformada por varios miles de voluntarios peleó en la composición del ejército alemán contra la Unión Soviética. Mientras, en las filas del ejército soviético lucharon voluntarios republicanos españoles. Sin embargo, España como Estado no intervino en el conflicto mundial. En Bulgaria, tribunales especiales condenaron a muerte tanto a esbirros del régimen anterior como a inocentes políticos burgueses. Se crearon campos de concentración. Fue fusilado Parván Dragánov, uno de los últimos diplomáticos búlgaros en Madrid. Su buen conocido el conde de Jordana, ministro de exteriores de Franco, le aconsejaba que no volviera a Bulgaria, pero еl diplomático no atendió su consejo. Los acuerdos de la Conferencia de Yalta de febrero de 1945 empujaron a Bulgaria al campo de los países sometidos a Stalin. Los comunistas aplastaron pronto a los partidos de oposición e instauraron una dictadura. Unos quince años más tarde, la dureza del régimen se suavizó un tanto, se produjo cierta estabilización económica. El país se industrializó, desaparecieron prácticamente lacras sociales como el paro y la extrema pobreza. Sin dejar de ser el satélite más fiel de Moscú, Sofía emprendió intentos de apertura hacia Occidente. Sin embargo, paulatinamente, el socialismo búlgaro de tipo comunista, con Tódor Zhívkov a la cabeza, fue agotándose y se dirigió a la decadencia política y económica. Su fin llegó en noviembre de 1989, cuando Zhívkov fue derrocado y empezó la transición pacífica a un sistema plural y a una economía de mercado. Después de la Guerra Civil, habiendo establecido un poder autocrático, Franco aisló a España del mundo y trató de imponerle una economía cerrada y autosuficiente. El intento fracasó y desde inicios de los 60 comenzaron los llamados Planes de Estabilización. La economía se abrió a Occidente y Occidente se abrió a España. En 1953 fue firmado un Tratado con los EE UU para crear bases norteamericanas en España. A cambio de las bases, Washington prestó una cuantiosa ayuda financiera al régimen de Madrid. España fue admitida en la ONU (1955). Con el desarrollo impetuoso del turismo en los años 60 comenzó un auge importante y sostenido de la economía española, fueron amasadas fortunas, se enriqueció hasta la clase media. Sin embargo, no se produjo una democratización sustancial del régimen. La tensión social y el descontento no cesaban, las represalias, tampoco. Franco murió el 20.XI.1975. Tres días después asumía el timón del Estado el rey Juan Carlos I, nieto de Alfonso XIII. Con su respaldo decisivo, en el país empezó un proceso de democratización. En 1977 se celebraron las primeras elecciones parlamentarias libres. Al año siguiente fue aprobada una constitución de la transición. Ésta proclamaba plenos derechos y libertades ciudadanas y abría ampliamente el camino para la incorporación de España a las estructuras y escala de valores de Europa Occidental. Además, la nueva Carta Magna otorgaba amplia autonomía a las nacionalidades en el Estado, sobre todo a catalanes y vascos, discriminados durante la época del franquismo. En 1986 España ingresó en la Unión Europea y después de un referéndum se quedó en la OTAN a la que se había adherido por una resolución de las Cortes de 1981. En el período de la democracia, el país ha sido gobernado sucesivamente por la Unión de Centro Democrático, el Partido Socialista Obrero Español, de centroizquierda, el Partido Popular, de centroderecha, y de nuevo, desde 2004, por el PSOE.
AUGE DEL HISPANISMO EN BULGARIA Durante los decenios comunistas en Bulgaria y aún antes del fin del régimen autoritario de Franco en España, se produce un auge tanto de las traducciones de literatura española publicadas por editoriales de Sofía, como del estudio del idioma español. Es cierto que en ello hubo también un motivo ideológico: el triunfo de la Revolución Cubana de 1959, cuando Fidel Castro empezó a gravitar hacia los países del bloque soviético, entre ellos Bulgaria, dio un impulso al interés en Bulgaria por el idioma español y por el mundo hispanohablante. Aún así, es preciso subrayar que durante el período socialista, en unos tres decenios, gracias a la política cultural del Estado, el lector búlgaro entró en contacto con una parte asombrosamente grande y valiosa de los tesoros de la producción literaria española, desde Lope de Vega y Tirso de Molina, pasando por Benito Pérez Galdós y Pío Baroja y llegando a Carmen Laforet y los hermanos Goytisolo. En 1964 y 1980 salen dos grandes antologías de la poesía española. Los teatros búlgaros escenifican un buen número de obras dramáticas españolas: desde Calderón hasta Buero Vallejo. La producción fílmica española llena a tope las salas de los cines búlgaros. Para los Encuentros Internacionales de Escritores (1977-1987) acuden a Bulgaria numerosos representantes ilustres de la literatura y cultura española: desde Rafael Alberti, Camilo José Cela y José Caballero hasta Ana María Matute, Carmen Conde y Nuria Espert. En 1979 el poeta y dramaturgo español Manuel Muñoz Hidalgo dedica un apasionado poema al poeta búlgaro Nikola Vaptsárov, fusilado en 1942, y planta simbólicamente trigo español en su tumba en Sofía. En 1961 se abre la carrera de Filología Española en la Universidad de Sofía “San Clemente de Ohrid”. Enseñan el creador del Departamento Tomá Tómov: un típico catedrático búlgaro “burgués” discípulo de Ramón Menéndez Pidal; una comunista catalana, emigrada política, que se quedó en Bulgaria casi hasta su muerte; un literato cubano que amaba a España y que quedará en Bulgaria siempre, hasta después de su muerte; dos búlgaros, una nacida y el otro nacido y crecido en la Argentina. Destinos, destinos… Desde 1992 empiezan a acudir durante un año académico lectores españoles enviados por el Ministerio de Educación, la mayoría jóvenes. En Bulgaria, con una población de casi 8 millones, ya se han licenciado más de 1300 hispanistas de estudios superiores. Un Departamento de Estudios Hispánicos aparece también en Veliko Tárnovo. Mientras, en la Universidad de Sofía abren puertas un “Aula Cervantes”: primer proyecto de este tipo en el mundo, y un moderno Centro de Español, acondicionados íntegramente con apoyo estatal español. En 2003, se inauguró en la Embajada de España en Sofía una Consejería de Educación de alto rango, la primera en el Sudeste de Europa. Los hispanistas búlgaros esperan que el siguiente paso sea un centro del Instituto Cervantes en Sofía. Editoriales búlgaras reciben ayuda de parte de instituciones del Estado español o de las comunidades autónomas. Desde el comienzo de los cambios democráticos en 1989, se han publicado unas 110 obras literarias españolas traducidas al búlgaro. Las tiradas son inferiores a las del período del socialismo, pero el número de las ediciones no deja de ser impresionante para un país en transición con grandes dificultades económicas. Lamentablemente, falta una revista como “Obzor” que existió de 1976 a finales de los 80. En ella se publicaban en traducción al castellano obras de artífices búlgaros del lenguaje, clásicos y modernos. La revista se difundía en España y América Latina. España ayuda al estudio de su idioma y cultura también en los institutos secundarios búlgaros. El primer Liceo Español en Bulgaria, que lleva el nombre de Cervantes, apareció en 1991 en la capital. Pero ya antes, el castellano era estudiado en el Instituto Secundario Francés de Sofía. Hoy en día, en el Liceo Cervantes y en más de 150 institutos secundarios de todo el país se forman miles de jóvenes hispanoparlantes. Se estima que el español es la segunda lengua extranjera después del inglés cuyos estudios en Bulgaria registran el ritmo de crecimiento más rápido. Hoy en nuestro país hablan español más de 50 000 personas. Hace años, el joven diplomático español Rafael Soriano exclamaba: “¡Nunca encontré comunidad hispanística tan devota como la búlgara y que trabajaba con tanta escasez y precariedad de sus medios materiales!” Ya en 1974, en la Universidad Autónoma de Madrid se abrió un Lectorado de Búlgaro. La primera lectora en él fue Emilia Tsénkova: la primera profesora de español práctico en la Filología Española de la Universidad de Sofía. Más tarde, fueron lectores en Madrid el eminente lingüista Prof. Iván Kánchev, catedrático y hoy miembro correspondiente de la Real Academia Española de la Lengua, y el historiador y político Prof. Catedrático Dragomir Dragánov, excelente conocedor de la España contemporánea. Allí enseñaron el búlgaro Rafael Alvarado, hoy corresponsal del diario ABC en Sofía y presidente, durante largos años, de la Asociación de Hispanistas en Bulgaria, y Venceslav Nikólov, autor de estas líneas y del estudio “Cien españoles y el pasado búlgaro”. En 1981, el Prof. Kánchev abría en la mayor universidad madrileña y española, la Complutense, incluso el primer curso de estudios del idioma búlgaro antiguo, llamado con razón el latín del mundo eslavo. Conoció un auge asimismo la actividad de investigación en el campo de la bulgarística, cuyos pioneros fueron los académicos Antonio Tovar, Emilio Sáez y Francisco Rodríguez Adrados. Científicos, pintores, periodistas y escritores españoles empezaron a descubrir Bulgaria: “la bella desconocida”, como la llamó en 1982 el publicista Antonio López de Zuazo. Al cabo de decenios de distanciamiento durante el período de la Guerra fría, las relaciones diplomáticas entre Bulgaria y España fueron restablecidas en 1970, al firmarse el primer acuerdo para abrir representaciones consulares y comerciales. Las misiones fueron elevadas al rango de embajadas en 1977. En España ya había empezado la transición democrática. En Bulgaria continuaba el poder del partido comunista y de su dirigente Tódor Zhívkov. Los dos países pertenecían entonces a dos sistemas políticos y económicos distintos; más tarde pertenecerían también a dos alianzas político-militares opuestas. Razón por la cual no es de extrañar que se mirasen el uno al otro con interés, pero también con ciertas reservas, hasta la caída del régimen comunista en Bulgaria, en 1989. Pero ya con la apertura de embajadas en Sofía y Madrid en 1977 comenzó un desarrollo de los contactos de nuevo tipo - comerciales y sobre todo culturales - entre los dos Estados, cuyas diferencias ideológicas no eran barrera infranqueable ante el acercamiento espiritual de sus pueblos. El mismo 1977, Pétar Mladénov fue el primer ministro de exteriores de un país comunista que, si bien no oficialmente, visitó Madrid y se entrevistó con los políticos de la nueva España. En 1980, era constituido en España un Comité Nacional para conmemorar el 1300 aniversario de la creación del Estado Búlgaro. Lo integraron 40 eminentes políticos, científicos, escritores, pintores, actores. Encabezó el Comité Antonio Hernández Gil, presidente de las Cortes Españolas. Justo en el año del 1300 aniversario del Estado Búlgaro, el 23.II.1981, el rey Juan Carlos detuvo con autoridad a los militares golpistas que intentaron hacer volver al país a la era del franquismo. Y salvó la todavía frágil democracia española. En uno de sus discursos, el monarca había resaltado: “Hace falta la integración con Europa y con las organizaciones que Europa ha creado.” En más de una de estas organizaciones estaba presente también Bulgaria. En aquellos años, a pesar de las diferencias de orden ideológico, a pesar de los caminos diferentes y las reservas mutuas, se conjugaron importantes esfuerzos por ambas partes para el mejor conocimiento y acercamiento de sus pueblos.
RESPALDO ESPAÑOL EN EL PERÍODO DE DEMOCRATIZACIÓN Los cambios democráticos en Bulgaria que comenzaron en otoño de 1989 abonaron el suelo del que crecieron las flores del período más fructífero en la historia de las relaciones bilaterales. Este período continúa. Para los búlgaros, la España de hoy es un modelo de moderno Estado democrático. España ha estado compartiendo y comparte de buena gana con la nueva Bulgaria los elementos políticos y jurídicos de su propia transición, nada fácil, de la dictadura a la democracia y su experiencia, no carente de nubes, por el camino que recorrió hasta llegar a ser miembro de la OTAN y de la Unión Europea. Es cierto que aún cabe desear no poco en especial en el desarrollo del comercio y en la atracción a Bulgaria de inversiones de España. El país tiene la octava economía más desarrollada del mundo; en 1999 había llegado a ser el sexto mayor exportador de capitales en el planeta, pero en 2003 ocupaba en Bulgaria apenas el lugar número 14, con inversiones de unos 115 millones de dólares. En 2002, el intercambio comercial alcanzó los modestos 370 millones de euros. Son cada vez más las empresas españolas deseosas de participar en las licitaciones anunciadas en Bulgaria, sobre todo para desarrollar la infraestructura. Se sientan las bases para un auge de la colaboración en la industria textil, la siderurgia, la agroindustria. Pero los empresarios españoles esperan el perfeccionamiento de las leyes búlgaras para la inversión extranjera y contra la corrupción y su mejor aplicación para llegar a Bulgaria con mayor seguridad y a mayor escala. Las dificultades se deben también a la gran diferencia existente entre los niveles de desarrollo económico de los dos países. Para realizar su transición de la dictadura a la democracia, a España no le hizo falta reformar de raíz su sistema económico. Para adherirse a la nueva y democrática Europa, Bulgaria se vio enfrentada a la tarea dolorosa pero insoslayable de sustituir su economía centralizada rígidamente regulada por el partido comunista, por una economía de libre mercado. Acompañaron y siguen acompañando a este cambio enormes dificultades, muchos errores, una nueva estratificación social y empobrecimiento de una parte de la población. Esto es un obstáculo para que el vagón búlgaro se enganche con facilidad al tren de la nueva Europa, del cual España es ya una de las locomotoras. Mientras en 1939 los ingresos medios mensuales por persona en Bulgaria eran casi iguales a los de España, los de hoy no alcanzan siquiera un 15% de los españoles. Sin embargo, en el plano político, la transición democrática búlgara no tropieza con mayores dificultades. Igual que en España después de la muerte de Franco, en Bulgaria, desde hace más de un decenio, se celebran elecciones libres, hay libertad de prensa y de expresión. Y en el plano geopolítico, la España de hoy necesita de una Bulgaria libre, por consiguiente democrática, y desarrollada, por consiguiente fuerte, que sea su aliada en la lucha globalizada contra el terrorismo internacional. Éste perpetró los cruentos atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, en los cuales murieron cerca de 200 personas, entre ellas 4 búlgaros. Por lo cual Madrid ha estado prestando un apoyo activo para el acceso de Sofía a la OTAN, en 2004, y a la Unión Europea, en 2007, y para la maduración de la apertura democrática búlgara. Fueron expresión de respaldo contundente a los cambios democráticos búlgaros las visitas de Estado a nuestro país de los Reyes de España Juan Carlos I y Sofía en 1993 y 2003, como también las de dos presidentes de gobierno: Felipe González (1995) y José María Aznar (1998). España presta a Bulgaria también una sustanciosa asistencia material: ha otorgado diversos equipos técnicos y grandes recursos financieros para el mantenimiento de residencias de ancianos y orfanatos, de centros sanitarios, para modernizar el sistema informático del Ministerio del Interior, para realizar proyectos de apertura de nuevos empleos etc.
UN REY PRIMER MINISTRO El actual presidente del gobierno de la República de Bulgaria es el zar búlgaro Simeón II: un hecho sin precedentes en la historia universal. A la edad de 9 años, éste se marcha de Bulgaria en 1946, cuando en el país es proclamada la República. Cinco años más tarde, Simeón, pariente de los monarcas españoles, se radica en Madrid por invitación del general Franco. Allí estudia, trabaja y se casa con una española de ascendencia noble, aunque no de la realeza, Margarita Gómez Acebo. Su padre, famoso financiero y abogado, fue fusilado por los republicanos en 1936. Con ella Simeón tiene cuatro hijos y una hija, todos con nombres búlgaros, todos nacidos en Madrid y todos con esposas - esposo -españoles. En 2001 Simeón creó un Movimiento Nacional a su nombre y con él ganó de manera contundente las elecciones parlamentarias en Bulgaria del mismo año… En 2002, en Bulgaria, Simeón de Sajonia Coburgo casó a su hija con un navegante español. Siempre en Bulgaria, en 2003, el anterior embajador de España en nuestro país, José Ángel López Jorrín, casó a su hija con un joven español. Otro Embajador español, José Coderch, incluso tomó como esposa a una búlgara y se casó con ella en la Catedral de Sofía. Semejante paso, por cierto algo arriesgado, de casarse con búlgaras, dieron en los últimos años tres diplomáticos españoles más, acreditados en nuestro país.
JOSÉ SANCHA EN BULGARIA Y hace más de medio siglo, se casó con una búlgara un notable pintor y escenógrafo español: José Sancha. En 1948, llega a este país con su mujer, hija del escritor Lyudmil Stoyánov, y permanece en Sofía casi veinte años. Es el primer extranjero que “contagió” el arte rígido y gris del realismo socialista estaliniano de la Bulgaria de entonces con el vivo juego español de la imaginación y con los atrevidos contrastes cromáticos de Picasso de quien el padre de José Sancha fue paisano y amigo. Hoy, son pocos los búlgaros que recuerdan o saben que precisamente él, el español José Sancha, es uno de los creadores, a fines de la década de los 50, del muy popular Teatro de la Sátira en Sofía y que es autor de su emblema: un payaso guasón con un fuste en la mano. Este teatro fue uno de los primeros fustes que azotaron con sus críticas al régimen totalitario en Bulgaria.
LA COLABORACIÓN HOY “Bulgaria y España son dos países que han tenido la dicha de no haber estado jamás en guerra entre sí, de no haber tenido querellas históricas ni problemas de ninguna índole. Por esto son países llamados a entenderse.” José María Ansón, notable publicista español, miembro de la Real Academia Española
Hoy búlgaros y españoles cooperan intensamente en todos los campos posibles. Y hasta han establecido una frontera común que no los separa, sino que tan sólo los acerca. En la lejana Antártida las bases científicas búlgara y española están una al lado de la otra. Búlgaros y españoles estudian conjuntamente la geología, la flora y la fauna de la antárticas, se visitan unos a otros, prueban qué sabor tienen en condiciones polares la paella española y el aguardiente muy caliente búlgaro. Según dijera el Prof. Hristo Pimpírev, director de las expediciones antárticas búlgaras, “poco después del quinto centenario del descubrimiento de América, Bulgaria y España trabajan y viven como vecinos y amigos en la colonización científica del continente helado.” Con su colaboración antártica ellas se presentan al mundo cogidas de la mano. Tal como salieron hace unos años al escenario del Palacio Nacional de Cultura de Sofía, en su inolvidable concierto, la célebre cantante lírica española Montserrat Caballé y su talentosa discípula la soprano búlgara Ina Káncheva. En el mismo escenario actuaron en los últimos años Teresa Berganza, Paco de Lucía, Julio Iglesias. Allí mismo, en 2003, la pianista española Blanca María Calvo dedicó su concierto a su hijo adoptivo quien es búlgaro y en sus palabras la ha vinculado para siempre con Bulgaria. En los escenarios españoles han desfilado con éxito solistas, coros e instrumentistas búlgaros. Figuran entre ellos las óperas de Sofía, Plóvdiv y Varna, las cantantes líricas Raina Kabaivanska y Veselina Katsárova, los reputados bajos Nikolai Guiaúrov y Nikolai Guiuzélev. Huéspedes frecuentes de las salas de concierto españolas son el conjunto de cámara para música sinfónica “Solistas de Sofía” y las cantantes del coro folclórico “El Misterio de las Voces Búlgaras”. El pianista búlgaro Liudmil Ánguelov lleva largos años de profesor en la Escuela Superior de Música de Toledo. Los contactos entre los dos países en el campo de las artes plásticas tienen su tradición desde las visitas a Bulgaria, en el período del socialismo, de obras del Siglo de Oro de la pintura española, del Museo del Prado, de Joan Miró, de José Caballero. Ya entonces, fueron presentados en España algunos artistas búlgaros, como también exposiciones a gran escala de iconos búlgaros y del arte tracio. En 2003, en la Galería de Arte Extranjero, uno de los centros culturales de mayor prestigio en Sofía, fueron organizadas muestras de dos renombrados artistas españoles contemporáneos: el pintor Manuel Salinas y el escultor Francisco Leyro. Años antes, en la misma pinacoteca hubo exhibiciones de pintura y gráfica moderna española, y también grabados de Francisco Goya. En mayo de 2004, en esta galería se inauguró una Sala Permanente de Pintura Española y en el Palacio Nacional de Cultura se organizó una gran exposición de Joan Miró. Un año antes, 40 notables pintores españoles exhibieron еn la Galería de Arte Extranjero sus lienzos que regalaron a Bulgaria. Para inaugurar la ceremonia, llegó a Sofía la infanta Elena. Un nutrido grupo de pintores búlgaros llevan muchos años residiendo y trabajando en España. Son bien conocidos allí Vladimir Góev, de la generación más vieja, y Krum Baitóshev y Eva Davídova, de la más joven. Más de 90 cuadros con temas españoles ha presentado en Bulgaria y España Violeta Grívishka, esposa del teatrista Stefan Tánev, excelente conocedor de la dramaturgia española. En las salas de cine de Bulgaria desfilan con enorme éxito las cintas de Pedro Almodóvar, Carlos Saura, Fernando Trueba. Cogido de la mano con sus compañeros de equipo españoles, salía antes del partido por la nueva victoria y la nueva copa el mejor futbolista búlgaro del pasado reciente. En los años 90 del siglo pasado, Hristo Stoíchkov tuvo una aportación sustancial a los memorables éxitos internacionales del “Barcelona”. Dicho en sentido figurado, van cogidos de la mano con sus anfitriones españoles también los ya más de 100 000 búlgaros que residen y trabajan hoy en España, principalmente en el turismo, la construcción y el transporte. La mayoría de los integrantes de la colonia búlgara en España son laboriosos, honestos y respetados por sus empleadores españoles. Ellos son los numerosos nuevos embajadores de la Bulgaria de hoy. Terminaremos estas líneas con palabras pronunciadas por el rey Juan Carlos en Sofía, en junio de 2003: “Son ya muchos los búlgaros que viven en España. Ellos contribuyen con su trabajo al desarrollo de nuestro país. La migración y el intercambio turístico favorecen el conocimiento mutuo y alimentan el flujo de simpatía mutua que enlaza a nuestros dos pueblos.” TrackbacksThe trackback URL for this entry is: http://kazakova.spaces.live.com/blog/cns!D18AAAB002EC2475!403.trak Weblogs that reference this entry
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